BAJO EL ASFALTO

En estos meses pasados hemos recorrido el lado interno de la cinta de moebius dilucidando cómo funcionan las cosas, las energías involucradas para que la magia funcione en nuestra realidad y como el universo se adapta a la esfera de consciencia de cada particularidad. Hoy comenzaremos a recorrer nuevamente el lado externo de la cinta, retomando temas tratados en su momento. Uno de ellos fue el mundo interior de la tierra hueca. Comenzaremos viendo su geografía ¿Cómo son sus continentes, sus cadenas montañosas, sus océanos, ríos y mares? ¿Como sería su mapa continental si lo tuviera? ¿Cuál es su clima, sus ciclos de lluvia, sus estaciones, sus días y sus noches? ¿Cómo cuentan el tiempo? ¿Cuál es su promedio de existencia? Estas y muchas respuestas más las iremos dilucidando de ahora en más de forma lógica y argumentada. Antes de comenzar recomiendo la lectura de los artículos relacionados para recordar la información ya entregada sobre este tema.

Todo lo que voy a exponer es contrario a lo que postula la geología conocida, pero como la geología está equivocada por partir de una premisa errónea de que la tierra es un cuerpo solido con capas de roca, magma y un núcleo central, pues poco me interesa. Tenemos que pensar al planeta como una esfera hueca e imperfecta de un material maleable. Imaginemos una esfera de algún material plástico, una pelota de caucho o plastilina, por ejemplo. Si la apretamos en algún punto, su superficie se hunde hacia su interior. La parte convexa se deprime en una concavidad y del lado interno, la parte cóncava, se estira en una convexidad. De este modo el exterior se equilibra con el interior energética y físicamente, manteniendo su masa y su energía en equilibrio. 


En nuestro planeta las depresiones son océanos, mares, lagos y ríos, y sus elevaciones, continentes, montañas, islas y valles. Como ya se imaginarán, en el interior es a la inversa, estando los continentes donde están nuestros océanos y los océanos donde están nuestros continentes y así pasa igual con toda la demás geografía intraterrena, que guarda su antagonismo inverso con respecto a la superficie, en un perfecto equilibrio físico/energético entre lo interno y lo externo, como en la cinta de Moebius, donde lo interior tiene que tener su reflejo en lo exterior y viceversa. Como los océanos y mares internos están en el lugar de nuestros continentes, las filtraciones de agua de este surgen en nuestros continentes como ríos y lagos, desalinizando y purificando el agua salada en su recorrido hacia la superficie externa, brotando luego como agua dulce en acuíferos (agua subterránea), en vertientes montañosas (nacimiento de ríos) y en vertientes llanas o mesetadas (lagos). Inversamente pasa para el mundo interno, las filtraciones de nuestros océanos y mares alimentan sus ríos, lagos y acuíferos. Como argumento tenemos las distintas capas acuíferas del planeta cuya formación y existencia, aun es tema de controversia entre estudiosos de la geología y el caudal de los ríos y lagos que si fuera solo por lluvias y afluentes no se mantendría. 

Su clima es parejo en toda su superficie, con temperaturas promedio que oscilan entre 20 y 26 grados, pues todo punto de su superficie dista la misma distancia, valga la redundancia, de su fuente de iluminación, su Sol central de punto cero que gravita en el centro de la esfera por las fuerzas vacuas. Este es el verdadero núcleo del planeta, generador de la luz interna, los campos magnéticos externos, las auroras boreales y los ciclos internos acuíferos entre el interior y la superficie de la tierra. Contrariamente a lo que supondríamos, el interior tiene días y noches, aunque sus noches no son como las nuestras, pues no dependen de la rotación del planeta sino del propio núcleo de punto cero. Este «palpita» con periodos de mayor y menor intensidad, reduciendo su actividad al mínimo y luego aumentándola al máximo, como un corazón con su sístole y diástole.  Por tanto, sus noches son penumbrosas, como un atardecer o amanecer nuestro y sus días son brillantes y soleados cuando no están nublados, pues el ciclo de lluvias también tiene su correlatividad con los nuestros, pero a diferencia de nosotros, estos son perfectamente sincronizados y predecibles, pues sus isobaras, isotermas e isoyetas son estables, igual que sus vientos que rara vez superan las velocidades establecidas como «normales» por nosotros. 

A diferencia que, en la superficie, en el interior hay solo dos estaciones, la fresca y la calurosa. Ambas con una amplitud térmica de no más de 8º centígrados, y cuyas mínimas y máximas oscilan entre 12º/20º y 18º/26º grados celsius respectivamente. Las zonas más frías y calurosas, a diferencia de las externas, son las polares, que pueden tener mínimas y máximas más extremas por la incidencia de sus aberturas. Estas estaciones tienen relación con la traslación terrestre, ya que influye la inclinación de esas aberturas y su posición con respecto al Sol externo y su incidencia de este sobre ellas. La abertura boreal está cubierta por una capa de hielo por donde se filtra luz y calor, siendo la zona más calurosa, y la polar está abierta por donde se filtra parte de la atmósfera exterior, vientos y nubosidad, siendo la zona más fría. El sol central no produce la suficiente evaporación para mantener el ciclo de lluvias, pues a diferencia del sol externo, el interno es solo de unos pocos kilómetros de diámetro y está a solo unos miles de kilómetros de distancia, así que la atmósfera interna al ser menos densa y mas limpia en dióxido de carbono CO2, no es suficiente para calentar la radiación electromagnética del núcleo central lo suficiente para que el ciclo se mantenga, por tal motivo, la humedad externa equilibra el sistema, dándole a la evaporación interna la cantidad de humedad necesaria para mantener el sistema de lluvias estable y funcionando.  

La percepción y registro del tiempo al no estar basado en el año solar, también es diferente al nuestro. La órbita planetaria no es considerada como año, ni la rotación de la tierra como día, pues sus días y noches son días/L (luz) y días/P (penumbra), sino que se basan en el ritmo de máximas y mínimas del núcleo de punto cero para registrar el tiempo de duración del día, que es aproximadamente de 16 horas terrestres, por consiguiente, un día interno corresponde a dos tercios (2/3) de un día solar nuestro de 24 horas, y siendo su ritmo más rápido y sus años más cortos al ser años nucleares y no solares, su percepción del tiempo es más lenta que la nuestra, como describí en hipertiempo. Por consiguiente, sus existencias son más extensas y toda forma de vida que ahí habite, es mucho más longeva que la nuestra. Con referencia a su mapa continental, en realidad no existe, no tienen una geografía como la nuestra, no hay división de continentes y países, sino que tienen regiones cartográficas por hábitat. Hay mucha más información del mundo bajo el asfalto, pero será para posteriores artículos. 

Pueden tomar esta información como una realidad o una fantasía, no interesa realmente si es o no es veraz, sino que todo es posible mientras no se demuestre lo contrario. Lo que no pueden hacer es refutar o negar que sea posible un mundo así, pues es completamente viable desde el punto de vista del equilibrio de energías y completamente posible desde una observación lógica desde fuera de la caja, pues sí bajo el asfalto hay un mundo distinto, este sería muy parecido al descripto en estas líneas por mero y simple, equilibrio natural.    


BONUS TRACK
Luego de la repercusión de esta información plasmada en los comentarios del artículo, he decidido ampliar un poco más las características físicas del mundo interior. No puedo dejar de compartir como son sus cielos, y hablo en plural, pues tiene más de uno. Por el día su color varía entre turquesas, fucsias y morados debido a su composición atmosférica que es menos densa y más limpia en dióxido de carbono y otros gases. En el horizonte dos luminarias más acompañan al sol central, son las aberturas polares que brillan cambiando los colores del cielo según la incidencia solar externa. Por las noches el núcleo central llega a su mínima actividad y es cuando el verdadero espectáculo comienza. Las aberturas polares proyectan, como si de lentes de cámaras se tratara, el cielo exterior en la atmósfera interior. Sobre un fondo azul marino la abertura polar proyecta el firmamento y la boreal amplifica lo proyectado por ambas, logrando un efecto 3D increíblemente real. La bóveda azul marino se convierte en un inmenso planetario donde se ven todas las constelaciones y la vial láctea completa, mientras un sol que ahora brilla como la luna, corona el mágico espectáculo flotando en medio de un cielo cubierto de estrellas por delante y por detrás. Como en el mundo interior nunca es completamente de noche, las nubes danzan entre constelaciones mientras el cielo las envuelve con titilantes estrellas. A medida que el núcleo va aumentando nuevamente su actividad, el cielo va tornándose cada vez mas claro y cambiando sus colores mientras las estrellas se van sumergiendo en sus tonalidades hasta desaparecer completamente, logrando así, que el día comience con un atardecer de estrellas, y la noche empiece con un amanecer de estrellas.

10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos y en la tierra, y debajo de la tierra. – San Pablo, Carta a los filipenses (2.10)
3 y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. – San Juan, Apocalipsis (5.3)

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