DE LA TETA AL BIBERÓN

Cuando nacemos y nos conectamos a esta realidad, lo hacemos solos y en un estado de indefensión casi total. Nuestro primer contacto es con nuestra madre, y de ella nos aferramos como objeto y medio de supervivencia, pues nos protege y alimenta hasta crear una conexión emocional tan fuerte como el cordón umbilical que nos unía. Cada vez que nos prendemos de sus pechos para alimentarnos físicamente, también nos prendemos de su alma mirándola a los ojos para alimentarnos interiormente con las emociones de Amor que ella proyecta. Luego, cuando el tiempo pasa, vamos soltando amarras y poco a poco remplazamos la teta por el biberón y luego este por el plato y la cuchara, hasta que finalmente descubrimos que podemos alimentarnos y cuidarnos solos, y la simbiosis madre hijo se termina, dando paso a un nuevo paradigma donde somos hijos de y padres de, transformando el objeto en sujeto y convirtiéndonos en una individualidad dentro de la generalidad de nuestros primeros momentos de existencia en esta realidad.  
 
Este proceso se repite con otras madres una y otra vez a lo largo de nuestra existencia, alimentándonos de información material, intelectual, emocional, espiritual, etc, etc, etc., conformando así, un proceso rúnico que se grabara en los patrones básicos de futuras generaciones. El problema radica cuando el destete no se produce en el momento adecuado, cuando el lactante rechaza la teta de su madre para aferrarse al biberón, pero luego de un tiempo descubre tristemente que ese biberón está vacío y que no se recarga como el pecho de la madre. Entonces muchos siguen prendidos a las tetas del que los alimentó intentando obtener un alimento que el biberón no tienen y que ya no puede darle.


Muchos de los que se fueron y ahora son nuestros detractores o enemigos, aún están prendidos de las tetas de este espacio, sin poder dejar de chupar del apetecible pezón de DDLA, colgados con uñas y dientes a una madre que ya no tiene leche para ellos, porque decidieron destetarse antes de tiempo, enfadados como caprichosos niños que se creyeron adultos antes de tiempo, recriminando a su madre que su leche no era suficiente, que era agria o que su forma de amamantar no era la adecuada. Ahora, ese alimento que despreciaron es para otros hijos que valoran el sacrificio de esa madre desinteresada, siendo fieles al Amor que ella les entrega cada vez que los mira a los ojos ofreciéndoles su cansado pecho y su dolorido y enrojecido pezón. 

Algunos de estos prematuros destetados son unos verdaderos traidores y desagradecidos hacia quien los alimentó, son hijos sin alma que golpean e insultan a su madre, y cuando pueden hasta muerden con bronca y odio el pezón que algunas ves los amamantó, para lastimarlo, y que nadie pueda seguir alimentándose de él. No entregaron sus miserias, no pudieron con ellas y ahora se quedaron solos y amargados, sin virtudes y sin leche en el biberón. 

Sektorl

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