PINITOS (III)

«…La idea del camino es especialmente difícil de comprender, dijo G., porque uno cree ordinariamente que el camino (acentuó esta palabra), comienza en el mismo nivel en que se desenvuelve nuestra vida. Pero esto es completamente falso. El camino comienza en otro nivel muy superior. Esto es justamente lo que no se comprende. El punto de partida del camino se juzga mucho más accesible de lo que es en realidad. Voy a tratar de explicárselo. El hombre vive bajo la ley del accidente y bajo dos clases de influencias, que dependen también del accidente.

Las influencias de la primera clase están creadas en la vida misma o por la misma vida. Son las influencias de raza, nación, clima, familia, educación, sociedad, profesión, maneras, costumbres, fortuna, pobreza, ideas corrientes y así sucesivamente. Las influencias de la segunda clase se crean, por el contrario, fuera de esta vida, son las influencias que nos llegan del circulo interior o esotérico de la humanidad; en otras palabras, han sido creadas bajo otras leyes, aunque sobre esta misma tierra. Estas influencias difieren de las primeras ante todo en que son conscientes en su origen. Esto significa que han sido creadas conscientemente por hombres conscientes, con fines determinados. Las influencias de esta clase habitualmente toman cuerpo bajo la forma de doctrinas o de enseñanzas religiosas, de sistemas filosóficos, de obras de arte y así sucesivamente.

Estas influencias son lanzadas en la vida para una meta definida, y se mezclan con influencias de la primera clase. Pero no hay que olvidar nunca que estas influencias son conscientes solamente en su origen. Cuando penetran en el gran torbellino de la vida, caen bajo la ley común del accidente y empiezan a actuar mecánicamente; en otras palabras, pueden actuar o no sobre tal o cual hombre, pueden o no alcanzarlo. Al sufrir toda clase de cambios y alteraciones en la vida por el hecho de su transmisión e interpretación, las influencias de la segunda clase se reducen a influencias de la primera clase, es decir se confunden en cierta manera con ellas.

Pensemos en ello, y veremos que no es difícil distinguir las influencias creadas en la vida de las influencias cuyo origen se encuentra fuera de la vida. Es imposible enumerarlas o hacer un catálogo de unas y otras. Hay que comprender. Todo dependerá de nuestra comprensión. Nos preguntamos dónde comienza el camino. El comienzo del camino depende precisamente de esta comprensión o de la capacidad de distinguir las dos clases de influencias. Naturalmente su distribución es desigual. Tal hombre concuerda mejor con las influencias cuyo origen está fuera de la vida y recibe más de ellas; otro recibe menos, un tercero está casi aislado. Pero esto es inevitable. Esto ya es el destino.

Es necesario considerar la regla general: el hombre normal vive en las condiciones normales; siendo estas condiciones más o menos las mismas para todo el mundo, se puede decir que la dificultad es la misma para todos; ésta consiste en separar las dos clases de influencias. Si un hombre no las separa al recibirlas, no ve o no siente su diferencia, su acción sobre él ya no estará separada, es decir que ellas actuarán de la misma manera, en el mismo nivel y producirán los mismos resultados.

Pero si en el momento en que recibe estas influencias, un hombre es capaz de efectuar las discriminaciones necesarias y poner aparte aquellas que no son creadas en la vida misma, entonces gradualmente se le hace más fácil el separarlas, y después de cierto tiempo ya no las podrá confundir con las influencias ordinarias de la vida.

Los resultados de las influencias cuya fuente está fuera de la vida, se acumulan en él, las recuerda todas en conjunto, las siente todas en conjunto. Comienzan a formar en él un cierto todo. Él mismo no se da cuenta claramente de qué se trata; no percibe ni el cómo ni el porqué, o si trata de explicárselo lo hace mal. Sin embargo, lo esencial no está ahí, sino en el hecho de que, al acumularse, los resultados de estas influencias forman progresivamente en él una especie de centro magnético, que atrae todas las influencias relacionadas, y de esta manera crece.

Si el centro magnético de un hombre recibe un alimento suficiente y si los otros lados de su personalidad, que resultan de las influencias creadas en la vida, no ofrecen fuerte resistencia, el centro magnético comienza entonces a influir sobre su orientación, lo obliga a efectuar un viraje y aun a ponerse en marcha en cierta dirección. Cuando su centro magnético ha adquirido la fuerza y el desarrollo suficiente, un hombre comprende ya la idea del camino y comienza a buscarlo. La búsqueda del camino puede tomar muchos años y no conducir a nada. Esto depende de las condiciones, de las circunstancias, del poder del centro magnético, del poder y de la dirección de las tendencias interiores a las que esta búsqueda no interesa en forma alguna, y que pueden desviar a un hombre de su meta en el preciso momento en que aparece la posibilidad de alcanzarla, es decir de encontrar el camino.

Si el centro magnético trabaja correctamente y si un hombre busca verdaderamente, o aun si siente en una forma justa, fuera de toda búsqueda activa, puede encontrar a otro hombre que conozca el camino y que esté conectado, directamente o a través de personas intermediarias, a un centro cuya existencia escapa de la ley de accidente, y de donde proceden las ideas que crearon el centro magnético.

Nuevamente aquí hay múltiples posibilidades. Pero hablaremos de ello más tarde. Por el momento imaginemos que alguien haya encontrado a un hombre que conozca realmente el camino y que esté dispuesto a ayudarlo. La influencia de este hombre le llega a través de su centro magnético. Desde este momento en este sitio, el hombre se libera de la ley de accidente.

Comprendámoslo, la influencia del hombre que conoce el camino sobre aquel que no lo conoce, es un tipo especial de influencia, diferente de las dos primeras, ante todo por el hecho de que es una influencia directa y, en segundo lugar, una influencia consciente. Las influencias del segundo tipo que crean el centro magnético son conscientes en su origen, pero luego son lanzadas en el torbellino general de la vida, donde se mezclan con las influencias creadas por la vida misma, y caen a su vez bajo la ley de accidente.

Las influencias de la tercera clase escapan de esta ley por completo; están ellas mismas fuera de la ley de accidente, y su acción está así mismo libre de ella. Las influencias de la segunda clase pueden llegarnos a través de libros, de sistemas filosóficos, de ritos. Las influencias de la tercera clase no pueden actuar sino directamente de una persona a otra, por medio de la transmisión oral…»

«…Todas las personas, en las condiciones corrientes de la vida, viven bajo dos clases de influencias. Primero, están las influencias creadas en la vida, el deseo de riqueza, de fama, etc., a las que llamamos influencias A. Segundo, hay otras influencias que provienen de la vida externa, que trabajan en las mismas condiciones, aunque son diferentes, y a estas influencias las llamamos B. Alcanzan al hombre en forma de religión, literatura o filosofía. Estas influencias, de segunda clase, son conscientes en su origen. Las influencias A son mecánicas desde el principio. El hombre puede encontrarse con estas influencias B o pasar por ellas sin advertirlas, o puede oírlas y pensar que las entiende, usar las palabras y, al mismo tiempo, no comprenderlas realmente para nada.

 
Estas dos influencias determinan realmente el ulterior desarrollo del hombre. Si el hombre acumula influencias B, los resultados de estas influencias cristalizan en él (uso la palabra cristalizar en el sentido corriente) y forman en él cierta clase de centro de atracción que llamamos centro magnético.
 
La masa compacta de la memoria de estas influencias le atrae en cierta dirección, o le hace girar en cierta dirección. Cuando el centro magnético se forma en el hombre, le será más fácil atraer para sí más influencias B, no distrayéndose con las influencias A. Entre las personas corrientes, las influencias A pueden insumirles una buena parte de su tiempo, de modo que nada quede para las demás influencias, y difícilmente son afectadas para nada por las influencias B.
 
Pero si el centro magnético del hombre crece, entonces, luego de algún tiempo, aquél se encuentra con otro hombre, o con un grupo de personas, de quienes puede aprender algo diferente, algo que no está incluido en las influencias B, y que llamamos influencia C. Esta influencia es consciente en origen y acción, y sólo puede ser transmitida mediante instrucción directa. Las influencias B pueden (legar a través de libros y obras de arte, y cosas por el estilo, pero la influencia C sólo puede llegar mediante contacto directo. Si un hombre, en quien creció el centro magnético, se encuentra con un hombre o un grupo a través del cual entra en contacto con la influencia C, eso significa que ha dado el primer paso. Entonces hay para él una posibilidad de desarrollo…” George Gurdjieff
 
Podría desarrollar más el tema, pero creo que queda bastante claro. Como dije en su momento, tengo grandes desacuerdos y acuerdos con los escritos de Gurdjieff, pero por ahora su explicación de las influencias externas me parece suficiente para conocer la segunda ley de la entropía del caos que es la siguiente:
 

2) Las energías externas tienen como mínimo dos influencias, las A, y las B que desordenan y condicionan su funcionamiento, y una tercera C que lo ordena.

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