EL ORIGEN DEL ORIGEN

Génesis 1:1;5

1:1 En el principio creó Dios (La fuente original) los cielos y la tierra. (El universo central)

1:2 Y la tierra (universo) estaba desordenada y vacía, y las tinieblas (espacio matricial 4×4 en construcción) estaban sobre la faz del abismo (espacio dimensional virgen), y el Espíritu de Dios (proyección de consciencia) se movía sobre la faz de las aguas (energías vacuas del espacio dimensional virgen).

1:3 Y dijo Dios: Sea la luz (del DO); y fue la luz.

1:4 Y vio Dios que la luz (el DO) era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas (espacio sin DO).

1:5 Y llamó Dios a la luz Día (universo del DO), y a las tinieblas llamó Noche (espacio dimensional entre universos). Y fue la tarde y la mañana un día (primer espacio matricial 4×4). La fuente

¿Y si son ocho y no siete? y si el octavo es el primero? ¿y si el primero es el contenedor de Ángeles de los Mundos Superiores? ¿y si los Ángeles y Arcángeles son lo real, las luces y las sombras que ejecutan nuestros designios? ¿y si el octavo es el H0, la constante universal, el equilibrio del universo? ¿y si los Ángeles cumplen un doble rol según se necesite? ¿y si es triple y no doble? ¿y si el triple rol somos nosotros haciendo el papel que nos toca? ¿y si somos los mismos Ángeles caídos equilibrando la ecuación? ¿Cómo es esto? Entonces ¿el origen del origen somos nosotros mismos? Somos el octavo cielo, los mundos superiores, los Ángeles de la creación. Comencemos pues a dilucidar el origen del origen desde sus comienzos.

“…Todas las paradojas tienen inicio en la singularidad inicial. Lo primero que proyecta la singularidad son las paradojas para cubrir la ecuación superlativa en todas las posibilidades (líneas temporales, espacios matriciales, etc.) de la creación. Se crea desde las Ideas, trabajando en la totalidad de la existencia, e incluyendo a los mundos superiores y cubriendo las plantillas superlativas de la totalidad, no solo de las existencias particulares…” SG 5832 (IV)

En esa primera proyección de la singularidad para crear la primera paradoja, el DO utiliza el punto del deseo por donde luego se revertirá la esfera, siendo este punto del deseo el único que en ese momento observaba la singularidad fuera de la tetra consciencia del DO. Conociendo esto, y ahora desde la lógica de la intuición, la pregunta correcta sería ¿por qué usa el deseo y no la necesidad para ese propósito? Y la respuesta es muy simple, más simple de lo que creemos: porque dentro de la esfera no existían las necesidades, sus consciencias no conocían lo que era necesidad pues esta estaba contenida en sí misma. Entonces solo el deseo por conocer la necesidad inició el ciclo revirtiendo la esfera y generando múltiples miradas de lo que había allí fuera, el deseo de conocer y observar “el otro lado”. Entonces sus miradas vieron que del otro lado solo había tinieblas y soledad (espacio dimensional entre universos), fue entonces cuando la singularidad inicial crea el octavo universo, el más luminoso de todos, a imagen y semejanza del interior de la propia esfera. Y junto con este universo, el primero creado fuera de la singularidad, crea también pero ahora si por necesidad, a los Ángeles que habitarían ese universo glorioso, acompañando al mismo DO, el único de su especie a administrar su creación e iniciando así, la primera octava descendente de creación y la primer paradoja, la del huevo y la gallina del origen del origen.

Los primordiales fueron 300.000 Ángeles (Seres), los primeros Arcángeles del Señor, de los cuales 144.000 fueron los elegidos para ser los custodios del octavo cielo y 156.000 para ser los carceleros del resto de las esferas. Cielo e infierno, dos caras de la misma moneda, la moneda de Samael/Lucifer, la moneda de la liberación y el perdón, y de la condena y el castigo. Usted elige cual cara manifestar, a cual representar, que cielo o infierno vivir, que equilibro o desequilibrio soportar, que recompensa o castigo padecer. Usted, solo usted es el responsable de sus pensamientos, palabras y actos, pues usted es el ángel caído que decide redimirse o condenarse, porque usted y solo usted es el Ser que lo manifiesta.

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